Sun Tzu, el rey Helü y sus concubinas

Por Fernando Reyes Baños

Sima Qian, el “Heródoto chino”, escribió sobre el estratega Sun Tzu, autor de "El arte de la guerra" (escrito 500 años antes de Cristo), la siguiente anécdota:

El rey Helü, gobernante chino de Wu, ante la inminente invasión de Chu, un estado vecino hostil, convocó al estratega para poner a prueba sus principios. Sun Tzu aseguraba, a través de los 13 listones de bambú que guardaban su obra, que era capaz de entrenar con éxito a cualquier tropa. El gobernante reta a Sun Tzu, preguntándole si era capaz de convertir a damas de palacio, concubinas mimadas y delicadas, en una fuerza de ataque. El estratega responde afirmativamente y el rey Helü mandó a traer 180 mujeres para ponerlas a sus órdenes.


Sun Tzu las dividió en dos compañías, colocando al frente de cada una a una de las concubinas favoritas del rey. Haciéndolas tomar lanzas en sus manos, les dio instrucciones para que, a la par de los tambores, ejecutaran maniobras básicas según se los fuera indicando. La función de las mujeres que encabezaban las compañías era liderar a sus compañeras, asegurándose de que la disciplina se mantuviera en cada unidad. Pero cuando Sun Tzu comenzó el ejercicio, dando la primera indicación, las mujeres, simplemente, se echaron a reír. El estratega declaró: “si las voces de mando no son claras e inequívocas, si las órdenes no son comprendidas del todo, es culpa del general”, así que, reformulando la siguiente orden en términos más simples, les indica que cuando los tambores redoblaran ellas debían formarse como soldados, usar las lanzas y cerrar filas, pero las concubinas volvieron a estallar en risas. Sun Tzu declara entonces: “Si las voces de mando no son claras e inequívocas, si las órdenes no son comprendidas del todo, es culpa del general. Pero si las órdenes son claras y aun así los soldados desobedecen, es culpa de los oficiales.” Con estas palabras, Sun Tzu ordenó que les cortaran la cabeza a las líderes de las dos compañías.


El rey Helü, que observaba todo desde lo alto de un pabellón cercano, alarmado por la inminente ejecución de dos de sus concubinas favoritas, envió un mensaje a Sun Tzu para que detuviera la orden, pero para el estratega, cuya prioridad era demostrar que la guerra es un asunto de vida y muerte y que entenderlo así era vital para que todos, desde el líder hasta el soldado raso, estuvieran motivados para ganar, no había marcha atrás, por lo que de cualquier manera hizo decapitar a las dos líderes, sustituyéndolas inmediatamente por otra pareja de concubinas. Habiéndose efectuado lo anterior, el tambor del ejército sonó una vez más y las concubinas, en sincronía con las indicaciones de Sun Tzu, ejecutaron las maniobras militares en cuestión, con exactitud, precisión y sin risas, con lo que el estratega demostró su punto, razón por la cual, el Rey Helü finalmente lo nombró comandante del ejército de Wu (comunicación personal, 15 de diciembre, 2015).



La historia anterior parece describir un acontecimiento perteneciente a un pasado remoto. Muchos opinarán que describe un castigo cruel y desproporcionado cuyo único objetivo era infundir en los subordinados miedo a perder la vida si no seguían las órdenes de sus superiores. Otros apelarán al contexto y a las circunstancias, por lo que dirán que la crueldad estaba “justificada”, entre otros factores, por la época (antes no había, por ejemplo, el menor reconocimiento de los derechos humanos, la gente era menos civilizada, etc.) o porque se trataba de que el estratega militar preparara (en tiempo record) un ejercito que se enfrentaría a una fuerza invasora que lo aventajaba por mucho numéricamente hablando, pero…así como los principios de Sun Tzu, en opinión de algunos expertos, siguen siendo vigentes para la implementación de estrategias no solo militares, sino también comerciales, políticas y hasta deportivas, ¿no vale la misma consideración para la crueldad y la violencia que actualmente se manifiesta entre nosotros, especialmente, de los hombres hacia las mujeres?


Solo consideremos lo siguiente: ¿por qué el Rey Helü escogió a las mujeres de su palacio para que Sun Tzu demostrara la efectividad de sus estrategias si, de cualquier manera, nunca consideró la posibilidad de enviarlas a batalla? La respuesta es simple, pero desconcertante porque es una idea que prevalece en nuestras sociedades hasta nuestros días: porque, pareciera, que las mujeres “están hechas” para hacer ciertas cosas (por ejemplo, trabajo doméstico), y no otras (por ejemplo, la guerra); siendo lo mismo, para los hombres y, por supuesto… ya sabemos que esto y la realidad son cosas bien distintas.